la composición de mi vida: 25% ciencia-ficción, 25% ficción y 50% realidad

Ayer, tras una noche de fiesta con mis amigos, llegué a casa a eso de las 4 oliendo como una destilería. Me arrastré hacia la cama y conseguí dormirme hasta que a eso de las 5 y algo comencé a sentirme fatal. A consecuencia de eso y de mis continuas visitas al baño, mi madre me preguntó que me había pasado. “Me sentó mal la cena, mamá.” Lo típico, a todos nos pasa, a unos más habitualmente que a otros. Ella se lo creyó. Pobre, se cree todo lo que le digo o por lo menos finge muy bien que lo hace.

Lo que ella cree que hago es una de mis tres identidades: Mi identidad real, la que mi madre cree que tengo y la imaginaria que mantengo cuando estoy con mis amigos.

Así que mi vida se compone de:

  • 25% ciencia ficción: Una dimensión paralela especialmente creada con amor para mi madre, comparada con la cual una abducción alienígena en la vida real es mucho más verosímil que todo lo que le cuento: No bebo (¿alcohol? Eso es con lo que se desinfectan las heridas, ¿no?), los viernes noche los paso jugando al Parchís, nunca a aberraciones como el “Yo, nunca”, a veces para animar un poco el cotarro sacamos una baraja de cartas, pero sólo cuando nos apetece desmadrarnos mucho. Sólo le doy la mano a mis novios y la ropa que llevo cuando salgo es tan casta como la de Olivia Newton-John en Grease. Pasa tantas horas como las que digo en la biblioteca y nunca suspendo un examen, me suspenden. Y obviamente, al final de la noche SIEMPRE duermo sola en mi cama, a menos que tenga una fiesta de pijamas en casa de alguna amiga.
  • 25% ficción: Cuando estoy con mis amigos finjo vivir en una especie de mundo Gossip Girl. Les cuento (la mayor parte de las veces) exactamente y con todo lujo de detalles todo cuanto me sucede, aunque siempre condimentándolo (y distorsionándolo) con un poco de mi propia visión personal para que así sea un poco más telenovelesco. De esta manera, los nimios detalles sin importancia requieren una media de 25 minutos para ser contados de manera adecuada, y la historia completa algo así como 45 intensos minutos en los que se analizan todos y cada uno de los diferentes ángulos y puntos de vista. Es esencial comenzar con un “¿Sabes que?” o un “Adivina que me pasó ayer/hoy” y seguir con una exhaustiva descripción del tiempo que hacía o los zapatos que llevaba (cosas relevantes sin las cuales resulta imposible comprender la historia).  Introduzco suspense con un “y entonces” o un “de repente” y una cronometrada pausa de tres segundos. Dejo caer algún que otro “OMG” de vez en cuando para enfatizar cualquier parte interesante. Exageraciones, diferentes entonaciones, y referencias a la cultura popular con notas a pie de página estilo “mi ropa era tan Scarlett Johansson…”, son básicas para mantener al público interesado. En conclusión, lo que podría resumirse en “Hoy vi a un chico guapísimo en la parada del bus” me lleva al menos tres gin-tonic contarlo.
  • 50% realidad: La aburrida y asquerosa verdad. Mi vida tiene más posibilidades de convertirse en otra versión de El diario de Bridget Jones que en una de Melrose Place.