como the big bang theory alarga mi vida

Hace tiempo escuché (no creo en la veracidad científica de este dato pero yo voy a fingir que es completamente cierta) que por cada cinco minutos riéndote a carcajadas, ganas uno de vida (y haces abdominales). Así que si The Big Bang Theory tiene 5 temporadas, 71 capítulos en total…  he conseguido 298 minutos adicionales de vida!

Bazinga!

Desde que “Friends” terminó, lo había intentado todo para llenar ese inmenso vacío que los Ross, Rachel y cía habían dejado en mi semana, pero fue difícil. Intenté el rollo chica-chica con Verónica Mars o revivir lo que una vez tuve en el Central Perk en McLaren’s con Ted, Barney, Robin, Marshall y Lilly, pero fue en vano. Nada se le aproximaba. Al menos conseguí olvidar durante un par de años gracias al tórrido e intenso romance que mantuve en una isla aparentemente desierta con los pasajeros del vuelo Oceanic 815 e incluso probé cosas diferentes y viví nuevas experiencias con Dexter… sin embargo y aunque parezca mentira, en algún momento siempre terminaban decepcionándome. No eran capaces de seguir el ritmo.

Hasta que, de casualidad conocí a Sheldon, Leonard, Wolowitz, Rajesh y (*toc toc*) Penny (*toc toc* Penny). Todo gracias a quien ahora es mi ex-novio, llamémosle D, que me los presentó. Me dijo que era de lo mejorcito que había, que eran geniales y que me encantarían. Esas mismas palabras las había utilizado para tratar de convencerme para ir a ver Avatar y otras muchas películas cuyo título mi memoria selectiva ha decidido borrar, así que me mantuve escéptica y no puede evitar sentirme invadida por la sensación de que iba a ser otra insoportable tarde de esas que empiezan con un “Eh, vayamos a ver el partido con mis amigos.”

Con el reloj en la muñeca dispuesto a decirme la hora que era y anunciarme cuanto tiempo más iba a tener que aguantar aquel suplicio, los primeros minutos pasaron. Tras varias frases, un par de chistes, unas enervantes risas enlatadas, D pregunta: “¿Que te parece?” “Bueno… no está mal”, fue mi contestación. Quedó satisfecho con la respuesta y volvió su mirada hacia la televisión. Podría ser que viera aquel programa de manera ocasional si los planetas se alineaban y conseguían que yo estuviera sentada en el sofá, sin nada que ver en el televisor y lo estuvieran emitiendo en aquel justo instante en el que yo pasaba de refilón por el canal que lo estaba programando. Sería algo sin compromiso, nada serio. Sería como ese amigo al que llamas a las 6 de la mañana después de salir de fiesta y con el que nunca has mantenido una conversación trascendental más allá de “¿En tu casa o en la mía?”. No quería engancharme y convertirme en esa persona que cuenta cuantos días quedan para que el nuevo capítulo se emita; así que actué como una chica dura y difícil de conseguir.

Entre bromas, referencias frikis, personajes aún más frikis, la rubia tonta y Sheldon, la mitad del episodio ya había transcurrido. Ya sólo quedaban diez minutos para el final. No podía creerlo. Era inútil seguir fingiendo. “Este será el comienzo de una bonita amistad” Me dije a mi misma entre carcajadas. Me había olvidado por completo de las molestas risas porque yo me había estado riendo a la vez que ellas, eclipsándolas por completo. ¿Manipulación? No lo creo…

20 minutos. 1 para su fin. “Vamos a ver otro episodio, ¿no? le dije desesperadamente al D. “¿No?” Insistí.  Al final vimos otro episodio. Y después otro más. No recuerdo cuantos encadenamos, pero sé que necesitaría los dedos de ambas manos para enumerarlos.

Cinco años han pasado ya desde aquella escena. Mientras tanto, dejé a mi novio, me convertí en las mejores amigas de Penny y Amy, juego al Halo los miércoles por la noche y como comida china los Viernes, e incluso he violado el Acuerdo de Cohabitación (demasiadas veces, por cierto…) porque no avisé de mi estancia con un antelación mínima de 24 horas, como ayer, por ejemplo. Tuve la urgente necesidad de pasarme toda la noche reviviendo los mejores momentos junto con mi reproductor DVD y recordando “La polarización Cooper-Hofstader”, “La aproximación Einstein”, “La disección del acuerdo”…